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Tenemos visita! (Priv Alice Silvermoon y Eriswen Thiathel)

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Tenemos visita! (Priv Alice Silvermoon y Eriswen Thiathel)

Mensaje por Bahamut el Mar Nov 17, 2015 6:12 am

Una mañana de lo más espléndida. Era extraño, pero normalmente los amaneceres en esa época del año eran frías, pero aquel día no... Y eso hizo sonreír al viejo Panzer. Con su rutina, se estiró al alzarse, le encantaban esos cinco minutos de estiramientos de hacer el perezoso, eran una maravilla. Al levantarse, se puso sus pantalones de pijama, ya que una de sus costumbres era dormir solo en calzoncillos. Al entrar en el baño, hizo lo de siempre: Suspirar, mirarse las ojeras, y comenzar a asearse. Lo primero, los dientes, como de costumbre, un repaso a su barba, y una ducha fresca y vigorizante. Una vez limpio y vestido con un simple chándal. Salió de su habitación, para repicar en la puerta del cuarto de Eris. Despacio, abrió la puerta, para verla como siempre. Era algo que le encantaba ver: A su pequeña durmiendo plácidamente. Desde aquella primera noche, en la que ambos se quedaron dormidos junto al fuego, sintió algo especial por aquella niña solitaria y de carácter adusto. Un calor que le evocaba ternura y cariño. Desde que ella estaba en casa, ya no se sentía tan solo, y era maravilloso. Sabiendo que la ardilla de Eris iba a estar atento a cualquier movimiento, sacó una galleta de avellanas, de las que tanto le gustaban al roedor. Con un dedo sobre los labios y un guiño cómplice, le pidió silencio al compañero de cuarto de Eris, al cual, le había fabricado con una caja de zapatos, algodón y unas telas, una preciosa camita en el alfeizar de la ventana, junto al radiador, para que estuviese calentito, y a la vez, disfrutara de grandes vistas. Al mirar la puerta del baño, se le formó una sonrisa divertida, al recordar cuando enseñó a Eris cómo utilizarlo. Estaba seguro de que se quedó maravillada con el agua caliente. Al mirarla en la cama, sintió que aquella niña era suya, no de sangre, si no... Algo más, se sentía... Se sentía como un padre, y era algo precioso.

No se pudo resistir, y se inclinó para darle un beso en la frente a la pequeña, para después sonreirla y hablarla con dulzura. Buenos días dormilona. Es hora de despertar... Hoy toca recoger las nueces del nogal. Te iré preparando el desayuno mientras te vas desperezando. Y le dio otro paternal beso en la cabeza, mientras se marchaba a la cocina. Los desayunos ya no eran algo mecánico y sin alicientes. Desde que estaba Eris, le encantaba halagarla con lo mejor que sabía hacer con aquel humor: Cocinar. Quizás en otras circunstancias, le hubiera encantado abrir un restaurante de cocina mediterránea, pero... Un Panzer era un Panzer. Con la música de la radio puesta, comenzó a preparar el festín de los sábados, como él lo llamaba, a ritmo de Chuck Berry. En la mesa de la cocina, estaba ya todo dispuesto: Zumo recién exprimido, tostadas con huevo y mantequilla, y leche con cacao. Además, había preparado para la pequeña ardilla, un minúsculo bol con almendras peladas. Alzó su taza de café, e inspiró con sumo placer. Iba a ser un día importante: Tenía una cita con una mujer, la cual le había pedido vía e-mail que quería un tutor para su hija de cinco años. Iba a ser genial, pues hacía tiempo que no tutelaba a ningún niño, y a Eris le vendría bien la compañía de más gente, para acostumbrarla al mundo exterior. Ya había mandado su solicitud e informe al Consejo, y no vieron problema alguno en que él se hiciera cargo legalmente de la elfa. Eso era un alivio. Además, le permitía ir al bosque a que corriera todo lo que quisiera, siempre que volviese a la hora de cenar. Le daba libertad, y le dejaba obrar en el jardín hasta el punto que ya no era del vetusto dragón, si no de la elfa. Si antes lucía hermoso, con Eris parecía un Edén.

Seguramente harían ahí su entrevista. Por eso, preparó también más comida y parte del desayuno, por si a sus invitadas les apetecía. Es más, cambió de idea, y preparó la mesa exterior del jardín, disponiendo todo de un modo que invitaba a sentarse y a comer. Era detallista en ese sentido, y le gustaba agasajar a aquellos que se sentaban con él a la mesa, y le brindasen la maravilla de la compañía. Miró a la ventana de Eris, y cogiendo del suelo una pequeña esquirla de corteza de un árbol, lo tiró contra el cristal para que sonara. Quien se asomó, por supuesto, fue la pequeña ardilla, ante la cual, Máximo hizo el gesto de abrir los brazos, y luego el "mangare" italiano, dando a entender, que el desayuno estaba listo.
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Re: Tenemos visita! (Priv Alice Silvermoon y Eriswen Thiathel)

Mensaje por Eriswen Thiathel el Sáb Nov 21, 2015 1:16 am

Después de haber pasado por situaciones vergonzosas, tales como no saber cómo funcionaba la televisión, la regadera, el baño e incluso haber tomado prestado varios de los libros de Bahamut para saber de los más grandes inventores; Eris se estaba acoplando a la vida hogareña aunque aún tenía un poco de renuencia, ya que algunas noches salía a escondidas por la ventana de su habitación para ver el cielo nocturno lleno de estrellas y de vez en cuando cantar, la vida de Eris había cambiado, para bien.

Si algo le costaba ahora era levantarse de la cama, la cual era suave y cálida, el invierno estaba cada vez más cerca lo sentía en el clima y en la vegetación, enseguida que escuchó los pasos de Bahamut sus ojos se abrieron, ella por su parte optó por tomar una posición fetal ocultando su cabeza entre las cobijas, quería dormir más ya que se había quedado hasta tarde leyendo, por lo que no le costó mucho trabajo quedarse otra vez dormida. En cuanto Bahamut entró al cuarto, Jal’ho corrió en dirección en la puerta emitiendo suaves chillidos intentándole hacer entender que Eris se había desvelado, obviamente el dragón no iba a entender el lenguaje de la ardilla, pero al ver aquella suculenta galleta no le quedó otro remedio más que aceptar el soborno y correr de nuevo a su “habitación” a ocultar la galleta entre el algodón y las telas.

La elfa emitió un leve bufido al sentir el beso en su frente, su ceño se frunció un poco y poco a poco abrió sus ojos murmurando. – Quel Morien...(buenos días)...atar. – Eris había tomado la costumbre de llamarle “atar” que en su idioma significa “padre” obviamente no le dirá que significa eso por pena. Se talló levemente los ojos mientras lo vio marcharse y al cerrar la puerta se levantó de la cama, siguiendo el ritual de higiene personal, una ducha rápida, secar su cabello con la secadora un poco.  Jal’ho se asomo por la ventana ante el curioso sonido y al ver a Bahamut el pequeño animal asintió con su cabeza, era un tanto impresionante que para ser una ardilla, fuera tan inteligente, enseguida le aviso a Eris que era hora de bajar. Poco a poco el guardarropa de la elfa se iba llenando de ropa acorde a su tamaño y gusto, por ahora, usaba un par de botines, un short de mezclilla y suéter medianamente holgado con su cabello trenzado como era costumbre.

Tomó a su fiel amigo con su mano para ponerlo sobre y hombro y ambos bajaron; el olor a mantequilla fue lo que más le abrió el apetito por lo que siguió el olor hasta la cocina pero al ver que no había nada se extrañó un poco, fue hasta que su ardilla llamó su atención para dirigirla al jardín al salir, le sorprendió mucho cómo se veía todo, tan apetitoso y de muy buena apariencia, pero antes de sentarse a la mesa se dirigió al pequeño jardín, se sentó en el suelo y tomó entre sus manos la pequeña maceta con lar hortensias las cuales habían florecido de una tonalidad azul cielo y otras de azul marino bastante profundo, se tomó su tiempo con cada una de las macetas, parecía estar murmurando cosas y en cuanto vio a Bahamut se detuvo para ir a lavarse las manos y sentarse a la mesa, Eris es el tipo de niña a la que no le debes llamar la atención, con una sola mirada o la presencia para que comprenda que debe de hacer o no hacer X cosa.

Una vez que regreso de lavar sus manos se quedó un tanto extrañada al ver más cosas de lo habitual. – ¿Esperamos a alguien? ¿Tienes una cita? ¿Debería irme? ¿Es bonita? ¿Le dan miedo los animales salvajes?– Sin previo aviso, le bombardeó de preguntas, pero no lo hacía con el afán de molestar, al contrario, quería saber si debía o no estar presente o si debía comportarse, ya que a veces, Eris invitaba, lobos, jabalíes, incluso osos a la casa. Mientras escuchaba las respuestas veía a Jal’ho intentar robar una cereza la cual ella tomó entre sus dedos fingiendo que se la había comido y luego a escondidas de Bahamut se la entregó a su pequeña ardilla la cual se sentó en el regazo de Eris a desayunar.
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